Es normal que Alemania se ponga de ejemplo a la hora de explicar cómo se deben hacer determinadas cosas, sobre todo, si se trata de dinero. El infalible ‘método alemán’ lleva incluida la fórmula secreta del éxito, esa que todos queremos y sólo ellos parecen tener.

Sin embargo, la reciente confirmación de la anulación del GP de Alemania de Fórmula 1 pone de manifiesto que no todo son aciertos en algunas de las gestiones de la locomotora de Europa, especialmente si pensamos en la situación actual del país con respecto a la máxima categoría del automovilismo mundial.



Entre Michael Schumacher y Sebastian Vettel han ganado nueve de los últimos 15 Mundiales de pilotos de la F1 y Rosberg es el vigente subcampeón. La dictadura de Mercedes tiene pinta de que va para largo. Hay tres pilotos titulares afianzados en la parrilla (Rosberg, Vettel -ahora siguiendo los pasos de ‘El Káiser’ en Ferrari- y Hülkenberg) y recientemente hemos llegado a ver hasta cuatro y cinco alemanes en alguna temporada, con los Sutil, Glock y Schumacher. 

Hace sólo una década que el país acogía dos carreras de Fórmula 1 en la misma temporada, un ‘privilegio’ que heredamos en España tomado el relevo como sede del GP de Europa, en Valencia.

Sin embargo, es casi seguro que en 2015 Alemania no vaya a recibir la visita de la Fórmula 1, y eso que, además, los pilotos locales han ganado las dos últimas ediciones de la carrera.



Lo peor de esto es que la cosa no ha sorprendido a nadie. Hace años que la F1 es una ‘patata caliente’ en Alemania, tanto para el circuito de Nürburgring (en una permanente crisis) como para el de Hockenheim. Ambas sedes han sufrido la alternancia de organizar el GP a regañadientes, como a quién le toca aguantar la visita de una suegra cara, aburrida e insoportable un fin de semana cada dos años. Hasta que, en este 2015, ambos se han asomado por la mirilla y, en lugar de abrir la puerta, han echado el cerrojo.

Nadie se lamenta ni se extraña de que se caigan Corea o la India del calendario de la Fórmula 1. Son países sin tradición en el automovilismo. Por otro lado, otros que si la tienen, hace tiempo que están desaparecidos, como Francia, sin pilotos de referencia, equipos ni carreras. Los problemas económicos de Monza y Spa también están llevando a Italia y Bélgica por un camino similar.

La Fórmula 1 ha dejado de ser rentable para los circuitos alemanes 

La expansión de la F1 fuera de Europa ha permitido a Ecclestone romper la dependencia con sus ‘clientes de toda la vida’. Bernie ha descubierto que hay países en los que le ponen una alfombra roja, le encargan un circuito y le firman un cheque en blanco para que lleve su ‘Circo’. Mientras, las grandes catedrales europeas sufren para pagar sus cuotas de ‘renta antigua’ y tienen que justificar hasta el último euro que les saca ante gobiernos y votantes con los cinturones más apretados que los arneses de los pilotos.



Hay algo más en este asunto y es que el directo del ‘Show de Bernie’ cada vez gusta menos. El año pasado hubo 95.000 espectadores en todo el fin de semana de F1 en Hockemheim. En esas mismas gradas, en el fin de semana del DTM se sentaron 155.000 personas. La explicación a por qué Hockenheim cuelga el cartel de ‘aforo completo’ dos veces al año con el DTM (acoge a primera y la última carrera del calendario) es fácil: entradas más baratas y carreras más divertidas. Incluso el Campeonato de Europa de Camiones consiguió reunir más público que la F1.

Así que ni Mercedes en racha ni Vettel en Ferrari han podido impedir que Alemania se haya cansado del ‘Circo de Bernie’, justamente en el momento en el que son los reyes de la pista.

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