Por un día, y sin que sirva de precedente, Valentino Rossi se disfrazó de Jorge Lorenzo. Con la grada y el asfalto de Jerez al rojo vivo, el italiano firmó una de sus victorias mas exóticas. Suena raro, pero en 20 años solo habíamos visto a Rossi ganar otra vez saliendo desde la pole, liderando todas las vueltas y marcando el giro más rápido de todo el Gran Premio. Dos veces en 20 años y ni Dennys Noyes se acuerda de cuándo y dónde fue la otra…

Rossi iba vestido de Lorenzo porque este triunfo en solitario lleva el indudable sello del mallorquín

Digo que Rossi iba vestido de Lorenzo no por los colores azules del mono, sino porque este triunfo en solitario lleva el indudable sello del mallorquín, algo que, sin duda, tuvo mucho que ver en el gesto torcido del campeón del Mundo desde el segundo cajón del podio. Un mal trago solo seis días después de anunciar que se va a Ducati. Que no nos falte tiempo para poner en marcha la ruidosa maquinaria de la conspiración. Pero volvamos con Rossi.

A Valentino llevamos jubilándolo desde las 10.15 de la mañana del 5 de junio de 2010, cuando se rompió la pierna en los libres 1 de Mugello. La avería más grave de su carrera y de la que volvió en 40 días para pelear por un título que ya no pudo remontar. Después le jubilamos durante 24 meses consecutivos vestido de rojo.  No pudimos con él y volvió a Yamaha. Donde, ahora sí, acababa de firmar su jubilación definitiva al regresar a un equipo en el que un Lorenzo había madurado tatuándose el deseado ‘1’ y con el ‘meteorito’ Márquez ya subido en la Honda. De esta sí que no salía.  Fue cuarto, por detrás de los tres mejores españoles de todos los tiempos (con permiso de Nieto, claro). A muchos hasta les pareció un digno broche a una carrera que ya no iba a ninguna parte.

Al año siguiente (2014) empezó diciendo que si después de los siete primeros GP no le gustaba cómo soplaba el aire, se iba a casa. Márquez ganó 10 seguidas y no se si eso es, precisamente, que sople el viento a favor (yo diría que no), pero Rossi aguantó y, sorpresa, fue subcampeón, el mejor por detrás del niño. El viejo prodigio.

Se necesitaron las victorias, los resultados y todos los esfuerzos de los tres mejores españoles de todos los tiempos , para que no ganase ‘La Décima’

En 2015 empezábamos a sonar ya a disco rayado, pero como el motociclismo ya había proclamado a su sucesor natural nos agarramos a eso. Con este no iba a poder, porque, además, era su vivo retrato con 15 años menos. Imposible. Que se quite de en medio y deje al nuevo ídolo. Y Rossi, en lugar de eso, lideró el mundial durante nueve meses saliendo desde la tercera fila en muchos fines de semana y se necesitaron las victorias, los resultados y todos los esfuerzos de los tres mejores españoles de todos los tiempos (con permiso de Ángel, claro), para que no ganase ‘La Décima’, en un mundo en el que ya se le considera que tiene más años que el fuego… Una vieja gloria. Un viejo cascarrabias que acabó enfadado como un mono, para muchos, sin motivo.

El shock del final de 2015 le podía haber tumbado

Repito, ya hace siete temporadas que empezamos a jubilarle y este año se nos ha vuelto a poner a huevo. El shock del final de 2015 le podía haber tumbado. Lorenzo ha llevado el pilotaje a un nuevo nivel de perfección, Márquez acabará volviendo a encontrar las cosquillas de la Honda, Pedrosa también puede tener una buena tarde, las Ducati no corrían tanto desde 2007 y a Maverick Viñales le quiere medio paddock. Rossi vete ya.

Y no pudo en Qatar, ni en Argentina, y se cayó en Austin y Lorenzo traza con escuadra y cartabón, y Márquez empieza a sujetar la Honda y… Rossi va y les gana en su casa como si tuviera 25 años [resumen], como si no hubiera perdido el título en la última carrera de 2015, como si nunca hubiese ganado un Mundial… pero 334 carreras (y nueve títulos) después de que le viésemos debutar.

No sabemos qué pasará a final de este año pero, de momento, Rossi tiene la mejor moto (y Lorenzo dejará de tenerla a mitad de año), está en su mejor forma, su motivación es máxima y sobre todo, tiene un plan. Ha empezado por mejorar en su principal punto débil del año pasado: la clasificación. Estar más cerca (o por delante, como en Jerez) de los tiempos de Lorenzo le ayuda para el domingo y le da moral, a la vez que desestabiliza al español. Además, sabe que la adaptación a los Michelín será una de las claves de la temporada. Ha reforzado su equipo técnico con Cadalora y, sobre todo, ha dejado de mirar a los lados. El también aprendió una lección en 2015 y no piensa cometer los mismos errores. Y nosotros, mientras, jubilándolo.

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